Los efectos del tabaco en uno de los órganos más importantes del cuerpo: la piel

28.01.2018

Fumar puede tener muchas consecuencias en el organismo, pero muchas veces algunas no son debidamente consideradas

TabacoCigarrillo

El tabaquismo tiene diversos efectos en el organismo, tanto en mujeres como en hombres. La mayoría de las personas conoce cuáles son las consecuencias de fumar y cómo esto repercute en los pulmones o en el corazón, por ejemplo.

Sin embargo, estas no son las únicas partes del cuerpo que se ven afectadas por el consumo de tabaco. La piel también sufre las consecuencias del tabaquismo.

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El tabaco puede lesionar la piel de todo el cuerpo, aunque esto se manifiesta más en la cara. En este sector los efectos del consumo de tabaco se suman con los efectos de los rayos ultravioletas del sol.

El tabaquismo provoca un envejecimiento prematuro en la piel que es más evidente en las mujeres.

Entre las alteraciones en la piel que puede producir el tabaquismo se encuentran las arrugas prematuras y la piel deshidratada.

El tabaco disminuye los niveles de vitamina A, lo cual produce cambios en la cantidad y calidad del colágeno y elastina. Las arrugas de los fumadores suelen ser más estrechas, profundas y con contornos bien marcados. La relación del tabaco con las arrugas se manifiesta de igual manera en sujetos de ambos sexos, en general de más de 30 años.  

Con respecto a la deshidratación de la piel, se debe a que el tabaco deshidrata una de las capas -la epidermis-, la cual aparece áspera, quebradiza e inflexible. A esto se suma la poca oxigenación de las células, que hace que el cutis parezca grisáceo y apagado. La disminución de vitaminas en la piel, principalmente vitamina A, B, y C también produce un deterioro en la piel. El cabello también sufre los efectos deshidratantes del monóxido de carbono, ya que pierde luminosidad y se vuelve quebradizo. A su vez se incrementa la porosidad del cabello y éste fija el olor característico a cigarrillo.

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Otra de las consecuencias del tabaquismo en la piel es la dificultad en la cicatrización de algunas heridas. El humo del tabaco disminuye la oxigenación de los tejidos, afectando así la nutrición de la piel. Esto se debe a que la nicotina provoca una disminución de la circulación periférica y el monóxido de carbono compite con el oxígeno por la hemoglobina, disminuyendo la cantidad de oxígeno que llega a los tejidos periféricos. Además, aumenta la viscosidad de la sangre a través de un incremento de la agregación de las plaquetas y del número de glóbulos rojos. De acuerdo a la información del Ministerio de Salud de la Nación, algunos estudios muestran que los fumadores de un atado por día tienen tres veces más probabilidad de sufrir necrosis de la herida que los no fumadores. Por esto, se recomienda que una semana antes y después de un acto quirúrgico no se fume.

Otra de los efectos negativos que el consumo de tabaco puede producir sobre la piel son manchas amarillentas en los dedos, al igual que en los dientes.

Por último, el cáncer de piel puede ser otra de las consecuencias negativas que se puede presentar a raíz del consumo de tabaco. Según algunos estudios, existe una relación entre el consumo de tabaco y el carcinoma de células escamosas y melanomas, aunque el principal factor de riesgo sea la radiación ultravioleta. El peor pronóstico tras el diagnóstico de melanoma en pacientes fumadores podría estar relacionado con los efectos del consumo de tabaco sobre el sistema inmunitario y la consiguiente alteración de la inmunidad.

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