Cuando el déficit de atención se presenta como una enfermedad

21.01.2018

Aparece en la niñez, pero en la adolescencia y el la adultez los síntomas prevalecen hasta en un 50%

DeficitAtención

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es una patología que afecta el desarrollo y calidad de vida de las personas. En general, comienza a manifestarse antes de los seis años, con una incidencia del cinco al siete por ciento en niños y un poco más bajo en niñas. A medida que el niño crece, en la adolescencia, los síntomas prevalecen y en la adultez persiste hasta en un 50%.

Según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) a nivel mundial la prevalencia de este trastorno es de 5% aproximadamente.

De acuerdo a las estadísticas de la OMS, entre el 25% y el 50% de las personas con TDAH manifiestan signos de ansiedad. Por otro lado, las cifras de la institución señalan que entre el 32% y el 53% de los pacientes con esta patología tiene problemas con el abuso del alcohol y la cocaína.

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Por último, las estadísticas señalan que el 28% sufre de alteración de la personalidad y conducta antisocial, mientras que entre el 19% y el 37% de quienes lo padecen presenta algún tipo de trastorno en el estado de ánimo como depresión o disturbio bipolar.

Las características principales del TDAH son alteraciones congnoscitivas, conductuales, emocionales y sociales. El problema central es que repercuten en el comportamiento de la persona que lo padece, lo cual representa un conflicto al momento de realizar las actividades cotidianas, como ir al colegio, prestar atención en clase, leer o mirar una película, por ejemplo.

Los especialistas estiman que aproximadamente la mitad de los niños que tienen este trastorno mantiene los síntomas hasta la edad adulta. Es por eso que muchos manifiestan problemas en sus relaciones emocionales o de pareja, en el trabajo o en tareas que requieran concentración o mucho tiempo de mantenerse quieto.

El desarrollo de este trastorno es variable, de acuerdo a la edad de la persona y a la propia personalidad. En la infancia se suelen observar conductas y rasgos de temperamento difícil como ser demandante, explosivo, irritable e insatisfecho.

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El niño puede tener períodos irregulares de atención en la enseñanza de reglas básicas, como la decodificación del lenguaje, el deletreo y la aritmética, lo que puede afectar su rendimiento escolar.

En la adolescencia, en cambio, es probable que se presenten problemas cognitivos sociales y emocionales. Los rasgos más comunes son la incapacidad para mantener y terminar un objetivo, así como la inmadurez emocional y la baja autoestima.

El tratamiento varía de acuerdo a la etapa y de las características del niño. No obstante, es necesario consultar a un especialista en caso de sospechar que un niño o adolescente tiene este trastorno. El profesional evaluará los síntomas y podrá determinar cuál es el tratamiento más adecuado para ese paciente.

Al igual que en muchas otras patologías, el diagnóstico temprano juega un papel central, tanto en el desarrollo de la persona que lo padece y de su entorno, como en el tratamiento que se le dará. Un paciente diagnosticado oportunamente tendrá menos riesgos de que el trastorno se desarrolle sin control. Asimismo, un tratamiento que comienza lo antes posible puede evitar o disminuir algunos de los riesgos que el TDAH conlleva, como sufrir rechazo escolar o aislamiento social, por ejemplo.

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