La clave crucial para el desarrollo de algunos aspectos cerebrales de los bebés

17.09.2017

Un estudio realizado en Alemania descubrió un factor determinante en el progreso cognitivo de los pequeños ante ciertos estímulos

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Los bebés están expuestos diariamente a una gran cantidad de estímulos. Para ellos, cada momento es una experiencia completamente nueva, hasta que su cerebro organiza todos los estímulos que recibe. El cerebro debe guardar la nueva información en la memoria de largo plazo, agregar experiencias similares y categorizar cada una de ellas. En este contexto, existe un factor fundamental para que el cerebro del bebé pueda realizar este proceso: cantidad suficiente de sueño.

Un grupo de investigadores de un instituto alemán –Max Planck Institute for Human Cognitive and Brain Sciences-, realizó un estudio que reveló que los bebés pueden asociar sonidos con significados mucho antes de  lo que se suponía hasta ahora.

Uno de los hallazgos principales fue que los bebés pueden asociar un significado a una palabra entre los seis y ocho meses de edad, una capacidad que hasta ahora se creía que adquirían más adelante.

Los científicos investigaron estas relaciones mostrándole a bebés de la mencionada edad objetos de fantasía, a los que les dieron nombres de fantasía, como “Bofel” o “Zuser”. Se eligieron objetos de este tipo para asegurarse de que los bebés no pudieran utilizar conocimientos adquiridos previamente.

De acuerdo a las reacciones cerebrales de los niños, los científicos pudieron ver claramente que los pequeños no podían conectar nuevos objetos de la misma categoría con el nombre correspondiente. Es decir, no reconocían un nuevo “Bofel” como tal, a pesar de que era similar al que le habían mostrado previamente. Para los bebés, cada nueva asociación objeto-palabra era completamente desconocida y única, o sea, que no podían todavía construir una relación general entre ellos.

Esta situación cambió después de una siesta a mitad del día. En aquellos bebés que que dormían después de las fases de aprendizaje, el cerebro podía diferenciar entre el término correcto y el incorrecto en referencia a un nuevo objeto. Los conocimientos se consolidaron con el sueño, algo que no sucedió en los bebés que se quedaron despiertos, que no pudieron hacer esa asociación.

Un dato interesante que arrojó el estudio fue que los niños desarrollaron dos tipos diferentes de conocimiento de acuerdo a la duración del sueño. Después de una siesta de media hora, mostraron una reacción que los bebés de tres meses tienen después de asociar estímulos visuales con estímulos sonoros. Al igual que los bebés de esa edad, los que participaron en el estudio percibían las palabras como sonidos al azar sin significado alguno.

En cambio, aquellos bebés que dormían siestas de alrededor de cincuenta minutos mostraron una reacción que hasta el momento solo se había observado en niños mayores o en adultos. Debido a la aparición de un componente en el cerebro -el N400, que indica que los bebés procesaban los significados-, los investigadores pudieron reconocer que los bebés eran capaces de comprender y aprender los significados de las palabras.

Angela Friederici, directora del instituto que realizó el estudio, explicó que “los resultados muestran que los niños guardan los significados reales de las palabras en la memoria de largo plazo mucho antes de lo que pensaba hasta el momento”. A su vez, agregó que “a pesar de que las estructuras cerebrales que intervienen en este tipo de memoria no están totalmente maduras, pueden ser utilizadas en una medida considerable”.

En este contexto, una de las etapas del sueño podría ser particularmente importante: la duración de la segunda de las cuatro etapas del sueño parece tener una influencia importante en el desarrollo de la memoria léxica. “Durante este sueño liviano, ocurre la transición entre un simple conocimiento de memoria léxica y un desarrollo avanzado del mismo”, señala Manuela Friedrich, quien dirigió el estudio.

“Solamente durante el sueño, cuando el cerebro del bebé está completamente desconectado del mundo exterior, puede filtrar y guardar relaciones esenciales. Únicamente durante la interacción entre lo que hacen mientras están despiertos y los procesos que suceden durante el sueño es que las capacidades lingüísticas y cognitivas tempranas se pueden desarrollar correctamente”, explica Friedrich.

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