Comer sin harinas: mitos y verdades de una dieta que muchas personas eligen

11.09.2017

Si bien es cierto que tiene algunos beneficios, también existen aspectos negativos que es importante conocer

carbohidratos (2)

Cada vez hay más personas que eligen seguir una dieta diferente a la que lleva la mayoría de las personas: sin harinas. Los motivos son diversos, desde aquellos que lo hacen para bajar de peso hasta otros que lo adoptan como “filosofía de vida”, similar al veganismo. Sin embargo, algunos expertos explican que no es recomendable seguir una dietas de estas características, ya que puede tener diversas consecuencias.

De acuerdo a la especialista en nutrición, Lic. Mariela Cardozo, “lo conveniente es limitar el consumo de las harinas refinadas o blancas y sus subproductos, pero no seguir una dieta totalmente carente de hidratos”.

Las harinas pertenecen al grupo de los hidratos de carbono, cuya función principal es servir como combustible al cerebro y al corazón. Por eso, “deben cubrir entre un 50 y 55% del total de los alimentos ingeridos durante el día, junto con arroz, legumbres, etc.”, explica la especialista. A su vez, recomienda la preferencia de las harinas integrales por sobre las blancas, ya que conservan la capa de salvado y tienen alto contenido de fibra, vitaminas y minerales. Las harinas blancas o refinadas, por el contrario, son aquellas que los expertos recomiendan limitar su consumo, ya que son las más procesadas y las que menos nutrientes aportan al organismo.

Muchas personas eligen este tipo de dieta porque tienen como objetivo perder peso y la eliminación de harinas puede contribuir positivamente. Es cierto que pueden ser de gran ayuda, ya que al reducir la ingesta de harinas refinadas se reduce también la ingesta calórica porque la mayoría de los productos elaborados con las mismas también contienen en su composición grasas y azúcares refinados. A su vez, tiene otros beneficios, como la disminución del colesterol, la regulación de los niveles de azúcar en sangre, la regulación de la presión arterial y la disminución del riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.  

Sin embargo, la eliminación completa de los carbohidratos no es beneficiosa para la salud. El organismo necesita la glucosa que compone a los carbohidratos. Cuando no dispone de ellos comienza a utilizar como fuente de energía un componente conocido como cuerpos cetónicos -compuestos obtenidos de la degradación de grasas-. El problema se presenta cuando este proceso se sostiene a lo largo del tiempo. “Cuando los cuerpos cetónicos se acumulan en sangre se produce un fenómeno conocido como cetosis, lo cual representa un grave riesgo para la salud del paciente, ya que puede tener graves consecuencias”, explica la especialista. Esta patología puede causar síntomas como mareos, mal humor, bajo rendimiento sexual, arritmias, náuseas, orina con olor muy fuerte, mal aliento, pérdida de calcio y de masa muscular. Por eso, la Lic. Cardozo recomienda que este tipo de dietas se realice bajo la supervisión de un profesional de la nutrición, quien podrá controlar la evolución del paciente y las consecuencias que su alimentación pueda tener en su salud.

Por último, las dietas que suprimen el consumo de hidratos de carbono son conocidas por la supuesta propiedad de mejorar el humor y “despejar la mente”. De acuerdo a la Lic. Cardozo, “el cerebro se nutre fundamentalmente de la glucosa que se obtiene de los hidratos de carbono, por lo tanto, si no cuenta con ese combustible recurre a las grasas, pero solo pueden utilizarse en un porcentaje limitado”. En consecuencia, el suministro de energía es menos, por lo cual puede verse afectado, así como también aumentar el estado de irritabilidad y mal humor de la persona.

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