Cuándo mover las piernas a la noche resulta patológico

03.01.2017

Una enfermedad subdiagnosticada que impacta en nuestra calidad de sueño

Close up Bare Feet of a Young Woman Lying Down on a Blue Bed, Captured in High Angle View.

Aunque el Síndrome de Piernas Inquietas (SPI) fue descrito por primera vez en los años 40 del siglo pasado, ha sido en los últimos 20 años cuando ha recibido una mayor atención.

Es un desorden sensitivo motor primario caracterizado por una fuerte e irresistible urgencia de mover las piernas, involucrando una o ambas piernas

El SPI se define en base a cuatro criterios diagnósticos que incluyen: necesidad imperiosa de mover los miembros inferiores, situación que se exacerba durante la inmovilidad; mejoría de la sensación de displacer al movilizar los miembros; y la aparición nocturna de estas molestias.

Los movimientos duran unos pocos segundos y se repiten durante varios episodios durante la noche. Se supone que estos movimientos producen trastornos asociados del sueño generando fragmentación del mismo y logrando que este sea un sueño no reparador.

Se desconoce la fisiopatología del SPI, aunque probablemente sea el resultado de una compleja interacción entre diferentes mecanismos: la herencia, el sistema dopaminérgico (neurotransmisión) y el hierro en sangre.

Se clasifica como primario cuando se considera que tiene una carga genética muy grande; y como secundario, cuando aparece en concomitancia con otro trastorno que lo justifique como es el caso del déficit de hierro referido, la insuficiencia renal, etc.

El curso generalmente es progresivo, y el paciente experimenta alternancia de fases de mejoría y otras de exacerbación de los síntomas. Los individuos más afectados son los de mediana edad y ancianos. En niños es frecuentemente mal diagnosticado, confundiéndose entre otras cosas con dolores del crecimiento y déficit de atención y transtorno de hiperactividad.

El diagnóstico se establece a través del examen clínico, que suele ser normal, estudios de laboratorio y la realización de una polisomnografia (estudio del sueño), en el que se cuantifican los movimientos y su impacto en el sueño.

El tratamiento farmacológico debe limitarse a los pacientes que cumplan los criterios diagnósticos específicos. Siempre debe recordarse la existencia de formas secundarias, ya que el tratamiento de una condición asociada, causal o desencadenante, debe ser en ocasiones el primer paso terapéutico.

Por Ignacio Aladro

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